“No estamos bien”. Son las 9.30 de la mañana en la sede de Médicos Sin Fronteras (MSF), en París. Como cada día, el equipo de emergencias se reúne para hacer balance del avance de la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda. En el centro de la mesa, Claire Nicolet, responsable de operaciones de emergencia, comenta con sobriedad las cifras del día.
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