“Los chavales están muy incómodos y les cuesta concentrarse”, cuenta Alberto, profesor en un instituto del sureste de Madrid. En las últimas semanas, las aulas de su centro han llegado a alcanzar los 32 grados. “He tenido un par de chicas que se han mareado”, añade. El instituto donde da clase a alumnos desde segundo de la ESO a segundo de Bachillerato “no es demasiado viejo”, pero **no cuenta…